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«También me gusta el pescado»

No es cierto que a los niños no les guste el pescado. Si se les prepara rebozado, bien frito y sin espinas, el plato queda limpio como una patena. Así lo demostraron ayer buena parte de los alumnos de CEIP Santa María de Gracia, que utilizan el comedor escolar.

Este centro escolar, junto con los colegios Santiago El Mayor y San Buenaventura, forman parte de una experiencia piloto que están llevando a cabo los Servicios Municipales de Salud junto con el departamento de Tecnología de Alimentos, Nutrición y Bromatología de la Universidad de Murcia (UMU), que persigue evaluar el menú de comedor en las vertientes sensorial, higiénica y nutricional. «El objetivo es -explica Eduardo González, jefe de los servicios municipales de Salud- que el menú escolar sea equilibrado, tenga todos los nutrientes que necesitan los niños para su desarrollo, pero que los platos también les gusten para que se los coman».

Los resultados del estudio serán una herramienta muy útil que el Ayuntamiento pondrá a disposición de las empresas de 'catering' y los comedores escolares para garantizar la calidad y la aceptación de los menús. De los 159 colegios que hay en el municipio, 71 (lo que representa el 45%) tiene comedor. De los 45.000 alumnos de los colegios del término municipal, 15.000 se quedan a comer en el cole.

La experiencia se realizó ayer en el colegio Santa María de Gracia. El equipo de los servicios municipales de Salud, dirigido por Begoña Patiño, tecnóloga de Alimentos y responsable de los programas de Nutrición, comienza por pesar cada uno de los platos del menú -ensalada, macarrones, merluza rebozada y una pera pelada-. Después de la comida, se pesan los restos de cada plato y así pueden saber qué cantidad de alimento de cada plato ha comido el niño. Incluso pesan el trocito de pan (4 gramos) que se sirve en cada bandeja. Ayer era pan integral -se les sirve dos días a la semana-, que es muy bien aceptado por los escolares.

Siete encuestadores, pertenecientes al departamento de Nutrición de la Universidad de Murcia, se sientan con siete niños, de entre 7 y 9 años, con el fin de realizar una cata previa a la comida. La degustación es de muestras muy pequeñas. Sobre cada uno de los platos se les pregunta a los niños acerca del color, el sabor y el grado de cocinado (la textura) del primer, segundo plato, ensalada y postre. Cada monitor lleva un número identificativo en la bata que coincide con el niño al que está encuestando. Cuando éste pasa al comedor, el monitor le hace el seguimiento de lo que come, incluso de si quiere repetir de algún plato. Después, se pesan los restos que ha dejado en cada plato. El estudio se completa con una encuesta posterior a la comida y se les pregunta acerca de la temperatura de la comida (si les gusta así de caliente o fría), la cantidad del plato y las condiciones del comedor y de las personas que ayudan en el mismo. También responden a cuestiones sobre su actividad física (si van al cole andando, en bici ó en coche) y cuántas horas dedican a la semana a practicar deporte.

Como adelanto del estudio nutricional, cabe decir que a los niños no les gusta mucho la ensalada, aunque sí la verdura y el pescado y menos la carne de ternera, más difícil de masticar, que la de pollo.
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