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La visita del Madrid deja unos 600.000 euros para los damnificados por el terremotoEn la Nueva Condomina, un partido diferente. La selección murciana y el Madrid jugaron un duelo sin efectos secundarios, como todo amistoso, pero con más peldaños. El motivo, Lorca, convirtió un duelo intrascendente en un amistoso con caviar. Sin el gusanillo que da la competición, llegó el gusto de aportar. Por eso hubo lleno, más de 31.000 personas en una grada constelada de flashes. Y es que el Madrid no se ahorró una estrella. Estuvieron todos menos Di María, Higuaín y Marcelo, con sus selecciones. Y entre todos destacó un hombre, Pedro León, que por la mañana visitó Lorca con el resto y por la tarde tuvo lo que en la Liga le ha faltado: el beneplácito de Mourinho y la recompensa de jugar. Estuvo el muleño en un partido con más latidos que fútbol, donde los goles, cuatro, no dolieron, fueron sólo un automatismo feliz del fútbol, una parte de la fiesta a la que también se unió Chendo, que jugó un rato tras 13 años retirado, tocó unos pocos balones y atesoró más vítores que nadie. Lo que sucedió en el campo no dejará secuelas, pero sí tendrá consecuencias. Tras la tromba de flashes, la ola en la grada y el empate final, lo mejor no es lo que pasó, sino lo que queda en un duelo donde no importan los goles, sino los euros: cerca de 600.000 sin otro destino que la Lorca doliente. Si Chendo se llevó los vítores y Pedro León las miradas, Casillas se llevó las palmas. El portero del Madrid, a quien Mourinho tuvo el detalle de sacar de inicio, dejó el campo en el minuto 28. Más que un cambio, fue un homenaje. La grada aplaudió al jugador blanco al que mejor le sienta el estrellato. Un futbolista con un cartel de estrella y un carácter de jugador sin ínfulas. Un hombre con más casta que jeta. La grada lo reconoció y el portero del Madrid regaló sus guantes. Fue la única noticia en un primer tiempo aletargado. En los amistosos los entrenadores esconden la libreta, que sea lo que Dios quiera. Por eso sorprendió una primera parte contenida, sin ramalazos de fútbol, sin pisadas en el área. El cambio de Casillas fue el momento de más enjundia en un periodo sin trasiego. A falta de goles, la grada hizo fotos, también la ola, mostró pancartas, gritó por Lorca y se mantuvo a la espera. Y tras el descanso acabó el letargo, porque salieron todas las estrellas: Cristiano, Benzema, Kaká, Pepe y Xabi Alonso. El fútbol ganó en quilates y tres minutos después caía el primero de Benzema, un jugador especial, en la diana a veces porque le faltan tres grados, pero le sobra destreza. Su disparo entró por la escuadra en un gol que aplaudió la grada, como aplaudió el siguiente, cuando Pepe desvió un disparo de Dani Aquino. La entrega del murciano fue lo mejor en el equipo de Camacho. Aquino es un jugador hábil y responde cuando no le aprietan. La sutileza es lo más granado en un hombre con problemas físicos. Es lo que tiene el fútbol cuando los goles no amargan: que el público se da el gustazo de aplaudir en cualquier portería y en todos los resultados. Fue lo que pasó ayer en el momento de mayor traqueteo. El subibaja duró unos veinte minutos y se resolvió con otros dos goles, el último de Cristiano al empujar un pase de Kaká. El portugués sacó a relucir su panoplia de recursos, la misma que provoca sarpullidos cuando el marcador sí importa. Ayer no, sus destrezas, más vistosas que resolutivas, levantaron aplausos en la grada, donde suelen despertar ampollas. La grada aplaudió el primer taconazo y Cristiano, que no necesita mucho para que le engorde el ego, se creció. A partir de entonces el Madrid se regaló un final en el escaparate, con un rosario de efectismos y ya sin goles. Antes marcaron los de Camacho, a quienes les sentó bien el brío de Dani Aquino. El canterano del Murcia sacó una falta teledirigida y Meca, del Lorca, la llevó a la red. Con el 2-2 el partido se quedó sin fútbol y el final no estuvo dominado por el balón, sino por las emociones. La mayor, la de Chendo. Regordete, pero con tirada entre la hinchada, el totanero, nombrado hijo adoptivo de su localidad hace semanas, se permitió un homenaje ante un público obsequioso, que aplaudió cada uno de sus pases y hasta una falta. Chendo golpeó a Tato y el jugador del Albacete se fue al suelo, en una fricción más afable que antipática. Tato llegó a pedir amarilla. Fue la broma de la noche. Acabado el partido, enmudecida la grada, liquidado el jaleo, se apagó el marcador y se abrió la caja, que era lo importante. Hasta 600.000 euros recaudados por una Lorca sufriente, interrumpida de cascajos y con la piedra convertida en escombro. Desde anoche ya tiene su partido, gracias a un deporte, el fútbol, que anoche cambió de piel. El deporte que más dinero gasta fue ayer lo que raras veces es: la mejor hucha. |
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